
Prensa 2009
Buenos Aires Económico Responsabilidad Social
Viernes 5 de junio de 2009
Buenos Aires, Argentina
“Somos un puente entre los chicos y sus oportunidades”
Por Lidia C. Bortolin
No hay fórmulas mágicas. Una vida mejor y un futuro promisorio se apoyan esencialmente en dos pilares: educación y trabajo. Siete años de intensa labor de la Fundación Germinare demuestran, una vez más, que el cambio es posible y que el esfuerzo personal y colectivo siempre rinde jugosos frutos y permite alentar esperanzas de seguir creciendo.
-¿Qué significa el nombre de la fundación?
Constanza Oxenford: -Viene del latín. Cuando empezamos a imaginar la idea de la fundación fui a la Biblioteca Nacional y empecé a buscar nombres que tuvieran que ver con lo que ya sabíamos que íbamos a hacer. Me parecía que germinare era cuidar a alguien a través de un proceso. En inglés sería to bear someone, ayudar a germinar. Como estábamos planificando una organización que fuera de largo plazo en educación con chicos de bajos recursos, nos parecía que eso era algo bastante concreto: ¿cómo se hace para cuidar a alguien a través del tiempo?, pues dándole herramientas a través de la educación.
-¿Qué te impulsó a crearla?
C.O.: -Desde que me recibí empecé a identificar qué quería hacer y trabajé en fundaciones, como Compromiso y Junior Achivement. Ahí pude analizar programas de educación que eran cuantitativos y trabajaban con adultos y chicos de recursos medios, dándoles esas herramientas. Después de mucho trabajar con ellos y de dirigir un proyecto con el BID, me pareció que lo que yo quería era trabajar con menos chicos y hacer algo más cualitativo y más intensivo y donde pudiera ver el impacto que generaba el programa en cada uno de los chicos. Esos programas comenzaban y terminaban a lo largo del año. Y a mí me parecía importante ver qué pasaba con estos chicos a lo largo de sus vidas., y si podíamos hacer un cambio en sus vidas, no sólo en ese año. Para eso hice un master en Columbia, en Nueva Cork, y cuando terminé empecé a analizar investigaciones de organizaciones que hacían algo similar en Manhattan. Encontré una, que se llama Prep for Prep, que hace cuarenta años trabaja dándoles posibilidades y representatividad a afroamericanos y latinos, que son los sectores menos favorecidos.
-¿Cómo lo adaptaron a la realidad local?
C.O.: -Obviamente acá no íbamos a trabajar en lo racial, sino en lo social. Volví con esta idea y me contacté con Solange, porque ella trabajó mucho tiempo conmigo en Junior Achivement y principalmente porque creí que tendría esta misma idea: trabajar con chicos de bajos recursos para darles una oportunidad de que demuestren quiénes son, lo que pueden hacer, las capacidades que tienen y que sea a través del esfuerzo. Nosotros somos el puente.
-¿Cómo trabaja Germinare?
C.O.: -En realidad, para poder existir necesitamos de los colegios que nos dan las becas, ya que no pagamos las cuotas; de las empresas que nos apoyen con financiamiento para poder seleccionar a los chicos, identificarlos y seguirlos, y de personas que ayuden a estos chicos a lo largo de todo este proceso y a nosotros a darles todo lo que necesitan. Con esta idea empezamos Germinare.
-¿Cómo funciona el programa?
C.O.: -“Agentes de Cambio” es un proceso que dura siete años u estamos en el séptimo, o sea que termina ahora en primer ciclo. Seleccionamos los chicos a sus 10, 11 años, en escuelas públicas de bajos recursos en la periferia, en una villa o un lugar más bien careciente. Son chicos que en la gran mayoría no están contentos donde están y quieren cambiar y creen que pueden hacerlo a través de la educación, y sus papás también lo creen.
-¿O sea que el primer impulso surge del mismo chico?
C.O.: -Sí, del chico y de alguien de la familia. Vamos a las comunidades, les dejamos información en los centros comunitarios y las escuelas para que vean lo que hacemos y un día estas familias se acercan y hacemos un proceso de selección. Ellos siguen yendo a su escuela y cuando terminan sexto, recién ahí definimos que van a ser parte de la beca y al año siguiente empiezan en otro colegio. Los ayudamos académica, psicológica y emocionalmente durante todo ese año previo al traspaso.
-¿Dónde se aplica el programa?
C.O.: -Trabajamos en Campana con Siderca, en Zárate con Petrobrás, en Pilar con diversas empresas y personas. En cada uno de los lugares tenemos ese año intensivo de capacitación durante el cual tratamos que los chicos hagan un salto académico muy grande y que puedan entrar en el nuevo colegio y después de ese año los insertamos en un colegio que les va a dar la beca y los seguimos acompañando a través del tiempo. Cuando el chico recién termina el secundario, termina el programa.
-¿Finaliza entonces también el vínculo con la fundación?
C.O.: -Este año definimos que no vamos a despedirnos de los chicos cuando terminen el colegio, sino que estamos armando un nuevo programa. Si quieren estudiar en una universidad, tendrán que trabajar al mismo tiempo. Entonces tratamos de buscar la forma de que puedan sostener en los próximos años todo lo que están recibiendo en estos siete. Este año se gradúa la primera camada, así que decidimos conectarlos con universidades que nos puedan dar becas. La Universidad Di Tella se las va a dar, y también un estipendio, porque si no, no llegan con el transporte, la comida, las fotocopias. Los chicos tienen reuniones mensuales con la fundación. En ningún momento, los chicos que se gradúan dijeron que querían volver a donde estaban. Cada vez más, los chicos y sus familias muestran un compromiso enorme con el programa y su futuro, se apropiaron de él. Tienen muchas ganas de esforzarse y están dispuestos a hacerlo.
Solange Coquet: -Durante el proceso, que es largo, los vemos crecer y el mismo programa los va fortaleciendo, porque tienen continuamente que tomar decisiones, hacer esfuerzos, cambiar determinadas cosas para sostener esto y eso los hace crecer. La semilla va germinando.
-¿Qué función desempeñan las empresas?
C.O.: -Hay empresas que funcionan como Siderca o Petrobrás, que dentro de su comunidad tienen sus programas y éste es uno más. Se acercan a nosotros porque necesitamos de una sinergia para poder existir, y ellos están muy abocados a su comunidad. Colaboran con un aporte financiero y a la vez tienen gente dentro de la empresa que se junta con Solange y con la gente de Educación para ir evaluando a través del tiempo cuáles son los ajustes que tenemos que ir haciendo de una parte y de otra. Como es un programa a tan largo plazo, la empresa colabora durante los primeros tres años y luego continúa con el seguimiento de los chicos, que pretenden a su comunidad. Petrobrás empezó hace un año y medio a trabajar con nosotros en Zárate. Tenemos 64 chicos en distintos colegios y hoy, después de siete años, es más fácil confiar en nosotros. El tema era la primera camada. Empezamos en el 2001, cuando parecía que la Argentina se terminaba. ¡Imagínate plantear este programa de siete años buscando plata de empresas!, pero funcionó. Siderca apostó directamente a un programa de largo plazo: se basaron en la confianza en lo que yo decía que podía pasar en siete años. En ningún momento nos cuestionaron. En ese momento la Fundación Bank Boston nos prestó una oficina u así arrancamos.
-¿Cómo se involucra la familia?
C.O.: -Comenzamos trabajando con los chicos y luego vimos que teníamos que trabajar también con las familias, no solamente los chicos y sus papás. Así empezamos a hacer talleres para las familias, como para que se articule el apoyo al chico. La familia tuvo que cambiar en gran medida el funcionamiento de la casa, porque en algún momento tiene que haber silencio para que el chico pueda estudiar. Cambia culturalmente la idea de cómo tiene que ser el tiempo libre en ese casa.
S.C.: -Los chicos funcionan como agentes de cambio dentro de la familia, que tiene inevitablemente que crecer junto al chico. A través de los talleres los padres entienden que el programa es beneficioso para sus otros hijos también. Los padres ven que hay posibilidades que quizás antes no se les pasaban por la mente.
-¿Cómo se realiza la selección?
C.O.: -No decimos "éste, sí; éste, no". Son pocos chicos por año, cada chico es un mundo y los tratamos como un mundo. Es un trabajo muy intensivo, absolutamente artesanal. No les damos herramientas y los dejamos “al viento”, sino que los sostenemos. Los chicos que no entran es porque no están dispuestos a hacer el esfuerzo, a quedarse fines de semana estudiando y haciendo cada vez más cosas para poder hacer un cambio a través de la educación. Cuando ellos toman la decisión y van todos los sábados todo el día y todos los miércoles medio día a estudiar, la realidad es que para la familia es un caos al principio. Pero en los talleres los padres se dan cuenta de que los estamos ayudando a todos a cambiar.
-¿En qué cambian los padres?
C.O.: .Por ejemplo, a partir de la experiencia de los chicos, muchos padres decidieron retomar el colegio secundario, que habían tenido que dejar.
-¿Con qué colegios comenzaron?
C.O.: -Los dos primeros fueron el Bede`s Grammar School y el Del Viso Day School, cuyos directores se comprometieron institucionalmente para poder todos los años recibir a estos chicos. El año pasado el Bede`s nos cedió espacio para construir un aula y eso nos amplió las posibilidades: hacemos reuniones, capacitaciones, entrevistas, de todo. En Campana, los que iniciaron fueron el Colegio Santo Tomás de Aquino y el Colegio Dante Alighieri. Fueron los cuatro que apostaron creyeron en nosotros y nos ayudaron cuando no teníamos auspiciantes.
-¿Reciben otro tipo de ayuda?
S.C.: -Sí, esto es algo contagioso. La persona que construyó el aula en el Bede´s nos donó la calefacción; vino un peluquero a ofrecerse para cortar el pelo a los chicos, profesores para dar clases. Cada uno nos va dando cosas, aunque no tenga plata. Todo el mundo empieza a ser fiel, porque esto es a largo plazo. Nosotros les facilitamos herramientas, pero el proceso y el esfuerzo lo hacen ellos solos.
C.O.: -Hablamos claro y cumplimos si decimos que vamos a hacer algo, lo hacemos. Son chicos sin recursos económicos pero con gran autoestima y reforzamos los vínculos entre ellos y sus familias.
-¿Cabe la posibilidad de que con los años los chicos vuelvan a la ONG como voluntarios?
C.O.: -¡Ojalá!
S.C.: Ya están sucediendo cosas: hay un chico que a través de su experiencia está dando clases de apoyo en su barrio. Es de la primera camada, se recibe este año y ya tiene herramientas que puede utilizar.
-¿Qué balance trazarían de estos siete años?
C.O.: -Si miro hacia atrás, la realidad es que si tuviera que imaginarme cómo quería estar, estoy exactamente donde quería estar. No sé si en ese momento tenía la capacidad de imaginar esto, pero la fundación, en cuanto a producir un cambio real, es exactamente lo que me hubiera imaginado. Para mí es absolutamente fundamental tener a Solange trabajando en la parte de Educación. El equipo es mucho mejor de lo que yo hubiera creído en ese momento. Cuando trabajás con gente que te da confianza, que es responsable, que tiene códigos parecidos, y que busca lo mismo, podés moldear todo el programa a través de esas personas, estás tranquila. Yo sé que Solange va a buscar siempre lo mejor para los chicos y las familias. Ella deja su vida y su cuerpo en el programa.
S.C.: -Constanza transmite muy bien el entusiasmo y da mucha libertad para que todo el equipo se comprometa y ponga el alma. Y los chicos nos contagian, también. La fundación crece con ellos. Son ellos que exigen cambios y nosotros estamos dispuestos a hacerlos.
-¿Qué anhelan para los próximos años?
C.O: Crecer bastante más. Idealmente nos gustaría poder llegar a más zonas, hacer un buen programa de ex alumnos. El límite es el cuidado que requiere cada chico: hay que ser absolutamente responsable desde el día uno y los mensajes tienen que ser claros. Es un programa económicamente caro, porque implica un aporte muy grande a cada uno de esos chicos. Y que cada año crece, porque los chicos tiene más posibilidades. Uno se fue a Brasil en un intercambio. ¿Cómo se le dice que no? ¿Cómo se le niega un examen de inglés a un chico luego de que en un año se niveló a lo que otros hacen en siete? Vemos que el programa es un cambio de vida, les cambiamos las posibilidades de vida futura. Y ellos dicen que la experiencia les dio sabiduría.
"Hoy podemos mostrar resultados concretos, ya no es una cuestión de fe"
- Como definición, Germinare es una fundación que brinda a niños de bajos recursos socioeconómicos que buscan superarse la oportunidad de progresar a través de la educación, dándoles acceso a una mejor formación académica de largo plazo, enriqueciendo de este modo su personalidad y modificando positivamente su entorno y su futuro.
- Básicamente, Germinare es un programa de educación e integración de largo plazo no asistencialita, que combate la desigualdad y fomenta la movilidad social.
- Tras el proceso de selección, se nivela y capacita a los chicos, entre los 10 y 11 años en lengua, matemáticas e inglés, complementando con actividades sociales, culturales, recreativas y deportivas y talleres de apoyo personal y familiar. De 11 a 17 acceden a la nueva institución educativa.
- Germinare está estructurada alrededor de una dirección ejecutiva, una dirección pedagógica, y coordinadoras zonales para Pilar, Zárate y Campana. Cuenta con tres asistentes, una voluntaria para las comunicaciones, una empleada administrativa contable, y en cada zona hay un equipo formado por docentes de las materias que se ocupan del paso de la selección a la beca. Además, cada zona cuenta con una psicóloga para los seguimientos personales y colectivos.
- Las instituciones que ofrecen becas son: Colegio Dante Alighieri, Colegio Santo Tomás de Aquino, Colegio Armonía, Colegio Rogacionista, Del Viso Day School, Colegio Verbo Divino, Colegio Bede´s, Colegio Leopoldo Lugones, Colegio Alfonsina Storni, Colegio Dailan Kifki, Arrayanes, Escuela Normal de Campana, Instituto Estrada, Colegio Vanguardia, Colegio San Pablo (Zárate) y Colegio Otón.
- Son sponsors de Germinare: Siderca, Petrobrás, Sullair Argentina, Village Cinemas, Ledesma, Dietrich, Pilar Golf Club, Bumeran, Casinos Crown, Nike, el MALBA y más de cuarenta personas que apadrinan a los niños.
- El aporte de los padrinos se destina a financiar el transporte, los uniformes, los materiales y la comida durante la jornada escolar.
- Dos veces por año, la ONG realiza actividades para que los padrinos conozcan a los chicos; se genera un vínculo. Los padrinos muchas veces asisten con sus hijos para mostrarles la otra cara de la realidad. “Es muy rico para ambas partes”, enfatiza Oxenford.
- Coquet destaca la importancia del mensaje de la ONG: “Se puede” y la aspiración de que la obra trascienda a sus hacedores.
- Las personas y empresas interesadas en obtener más información y colaborar con la obra pueden dirigirse a germinare@germinare.org.ar; (011) 4814-5021; Rodríguez Peña 1653, piso 10° “B”, Ciudad de Buenos Aires.
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